jueves, 5 de mayo de 2011

CONFLICTOS





Me cuesta poner en orden las ideas y los sentimientos que me provoca la muerte de Bin Laden. Hay demasiadas cosas que no entiendo, demasiadas cosas aparentemente distintas que se mezclan al intentar hilvanar una idea, una frase. Precariamente puedo encontrar un mínimo común que supera mis contradicciones: todo, en la vida, es conflicto. Conflicto de derechos, conflicto de intereses. La regulación del aborto en determinados supuestos es algo necesario para articular un modo de superar ese conflicto que puede surgir entre la vida por nacer y los derechos y la dignidad de la mujer. El asesinato de Bin Laden también responde a un conflicto, en este caso puede que incluso más profundo: en los grandes criminales de la historia colisionan de manera sísmica el derecho a la vida de los que aniquilaron la dignidad y la vida de sus víctimas, y la urgencia moral de una reparación ejemplar para quienes los padecieron.

La doctrina moral de los juicios de Nuremberg me parece que postula una vía razonable éticamente, sensata espiritualmente, para solucionar ese conflicto entre la dignidad de las víctimas y la vida de los criminales: hay ocasiones en que preservar a toda costa el derecho a la vida de los asesinos se convierte en una ofensa intolerable para con las víctimas y, por extensión, para con toda la humanidad. Lo siento, pero soy incapaz de cuestionar la altura moral que imprime en la historia contemporánea la ejecución de los criminales nazis: sería imperdonable no haberlo hecho. Pero al ver las fotografías de esos ajusticiamientos no siento ninguna alegría, porque soy consciente de que en el fondo son una derrota del patrimonio espiritual de la humanidad, un reconocimiento de nuestra propia responsabilidad en cualquier aberración que se comete alentada por utopías, religiones o ideologías. Por eso me escandaliza, humanamente, que alguien pueda salir a la calle, armado con una bandera o una botella de champán, a festejar la muerte del criminal islámico. Me escandaliza tanto como las palmas y las muestras de alegría con que fue festejada en el Congreso de los Diputados la aprobación de la «ley Aído». El mundo que ahorcó a Rosenberg o Streicher no fue mejor al día siguiente, pero era el único mundo posible. El mundo que con un nudo en la garganta legisla para que una mujer que ha sido violada y se ha quedado embarazada pueda abortar sin ser perseguida, no es un mundo mejor, pero es el único mundo posible. El mundo hoy, tras la muerte de Bin Laden, no es mejor, pero tal vez es el único mundo posible. ¡Qué tragedia es algunas veces la existencia!

Hay ocasiones en que el conflicto tiene que resolverse del lado de la muerte, pero eso es un fracaso para todos, de todos, y no hay motivos de alegría: lo humano, en esos casos trágicos, es apretar los dientes y respirar hondo, sabiendo que tal vez no se ha hecho lo correcto (lo que sería correcto si el mundo fuera ideal, si no existiese el mal, si no existieran los conflictos entre derechos e intereses) pero sí lo único posible.

En todo este remolino de ideas y de contradicciones, lo único que me repele moralmente, sin apelaciones, sin contemplaciones, es el uso de la tortura. Torturar a alguien, asistir a su sufrimiento sin que se conmuevan las entrañas, me ha parecido siempre el más terrible de los crímenes y el síntoma más profundo y desolador de ausencia de humanidad. Tal vez la tortura sea el único hecho humano frente al que no cabe la apelación al conflicto: nunca, bajo ninguna circunstancia, puede justificarse el sufrimiento gratuito, continuado, de ningún ser humano.

9 comentarios:

E. Santa Bárbara dijo...

Supongo que, a próposito, para no extenderte demasiado en tu texto, has dejado de lado otra contradicción: la satisfacción de muchos por la muerte del verdugo, aunque el mundo siga sin ser mejor, y el hecho de que unos tipos hayan programado friamente una ejecución colándose, sin permiso, en otro país. Éticamente es inmoral, por mucho que los americanos sean "los dueños del mundo".

Manuel Madrid Delgado dijo...

La intervención de las tropas americanas dentro de un país soberano como Pakistán, sin conocimiento ni permiso de las autoridades de ese país, me parece una cuestión "menor" si la comparamos con las grandes cuestiones morales que suscita la ejecución de Obama. Aquello remite a una cuestión de derecho internacional y al poder del más fuerte dentro del (des)concierto de las naciones. Lo otro, nos pone delante de las grandes contradicciones de la ética contemporánea. Sin duda, todo era más sencillo para la vieja moral anterior al liberalismo y a las luces de la razón.
Saludos.

Miguel Pasquau dijo...

Interesante debate. Para quienes hace tiempo que nos escandalizamos de los asesinatos selectivos del ejército israelí por razones de seguridad (ellos dicen de "supervivencia"), es un alivio el debate "moral" que se ha planteado con el asesinato del asesino Bin Laden. Para mí lo verdaderamente importante es la cuestión de los límites. Sin límites no hay Derecho ni hay justicia. Y hoy día el Estado tiene resortes, recursos y excusas suficientes para eludir casi todos los límites. Prefiero la gallardía de proponer una nueva Convención internacional que establezca reglas (límites) en la lucha antiterrorista, a la vía directa de ejecutar sin sentencia y decir después que se ha hecho justicia.

Sobre todo: si para matar a Bin Laden hace falta un Guantánamo, tenglo claro que hay que renunciar a la "satisfacción popular" de verlo muerto.

Desde mi mentalidad, creo que lo que más daño hace al criminal no es la sentencia: es el juicio. Haber enjuiciado a Bin Laden habría sido el verdadero éxito. Aunque fuese con las reglas de Nuremberg.

Manuel Madrid Delgado dijo...

Guantánamo es uno de los grandes temas de debate moral de las democracias contemporáneas. Porque Guantánamo se ha convertido en el agujero negro de nuestros sistemas políticos y de nuestro argumentario ético y demuestra la capacidad de destrucción de los valores contemporáneos que tiene un hecho así: se abrió como una cárcel para terroristas peligrosísimos, y al final hemos descubierto que es una casa de todos los horrores, más propia de la Inquisición que de la primera democracia del mundo, en la que han acabado recluidos y torturados menores de edad, enfermos mentales... No haber cerrado Guantánamo juzga, éticamente, el mandato del Presidente Obama.
Saludos.

Anónimo dijo...

No entiendo nada. Todo el mundo cree que es de justicia matar al asesino sin juicio previo. Y nosotros que andábamos llenos de complejos con los GAL. Me asusta tanta unanimidad, tanta falta de memoria y tanta incoherencia. El 'ojo por ojo' parte de una falacia ontológica y es que el tiempo es reversible, que puede repararse un mal con otro. Pero no hay inversión temporal posible, ni física ni moral. La justicia, al menos, aunque sea condenatoria (como lo habría sido con toda probabilidad en el caso de Bin Laden) tiene la virtud de resolver el conflicto en un nivel de complejidad distinto, el que aporta la civización frente a la barbarie.

Anónimo dijo...

Hola Manolo,

supongo que el personaje, como todo buen personaje, era muy contradictorio. Entresaco este párrafo de la necrológica publicada hoy por The Economist:


¡Somewhere, according to one of his five wives, was a man who loved sunflowers, and eating yogurt with honey; who took his children to the beach, and let them sleep under the stars; who enjoyed the BBC World Service and would go hunting with friends each Friday, sometimes mounted, like the Prophet, on a white horse. He liked the comparison. Yet the best thing in his life, he said, was that his jihads had destroyed the myth of all-conquering superpowers'

Otro ejemplo más de buen periodismo con la dosis justa de sarcasmo ante el poderío americano. En fin, The Economist titula hoy su portada: 'Now, kill his dream'. Pues eso, ahora que intentan matar a todos los que comparten sus (equivocados) sueños. Va a ser complicado.

Un abrazo,

Antonio Gaitán

Manuel Madrid Delgado dijo...

Hola Antonio, qué gusto verte por aquí. ¿Cómo te va?
Lo cierto es que Bin Laden tiene la capacidad para resumir todas las contradicciones del mundo contemporáneo: hijo de los servicios de inteligencia americanos primero, bestia negra de los americanos después... Bin Laden es la mierda de Occidente que acaba volviéndose contra Occidente cuando ya no es válido para los intereses de los poderosos.
Saludos.

Francisco Javier Torres López dijo...

Finalmente salió el espíritu americano, el rambo disfrazado de presidente, el pistolero justiciero. Que bella imagen en el lujoso despacho de la casa blanca todos los gendarmes supervisores de este mundo contemplando el asesinato de un personaje no menos siniestro.
Pero digo yo que al menos el premio nobel de la paz podría haber dado una oportunidad a la ejemplaridad de la que hacen gala, de esa demogracia "ejemplar" que permite asaltos a paises soberanos, asesinatos a la carta, penas de muerte en su pais, pero no en los demas. Ellos deciden que debemos hacer los otros.
Costaba el mismo trabajo capturarlo vivo y enjuiciarlo, pero era mas bonito hacer de rambo, con ese complejo de superioridad que les caracteriza, y demostrar al mundo quien manda.
Y eso que es un premio nobel de la paz.
Que bonito les debió resultar ver por la tele el asesinato a los ojos y en presencia de algunas de sus mujeres e hijos, presentes en ese asalto.

Uno se pregunta si le darian ese galardón en una tómbola.

Manuel Madrid Delgado dijo...

El prestigio del Nobel de la Paz es completamente injustificado. Lo posee, entre otros, un ex Secretario de Estado de los EE.UU. caracterizado por ser el valedor principal de los matarifes de Chile o Argentina. Como es, se lo han dado a cualquiera, aunque tuviera las manos llenas de sangre.
Saludos.