"No me da la gana. No quiero que mi pensamiento me lo estén dictando a cada paso los vigilantes voluntarios de un sectarismo político del que ya no están a salvo ni las opciones más personales de la vida." ANTONIO MUÑOZ MOLINA




viernes 3 de julio de 2009

HACE SEIS AÑOS



Hace seis años, a esta hora de la tarde (son casi las seis) un grupo de trabajadores del Ayuntamiento de Úbeda entrábamos en Santa Fe, Granada. Íbamos a recoger una partida de gigantes y cabezudos y un buen número de hermosos pendones decorativos por si... Por si... llevábamos dos días trabajado a todo pistón. El martes 1 de julio le había comentado al nuevo Concejal de Cultura y Fiestas, Antonio Jimena, que deberíamos tener algo preparado para el 3 de julio por si Úbeda y Baeza eran finalmente declaradas por la UNESCO, en París, Patrimonio de la Humanidad. Consultó con el Alcalde y los empleados del Negociado de Cultura tuvimos manos libres para preparar lo que pudiésemos por si...

Y por si... hablamos con todos los párrocos de la ciudad y con los priores y superioras de los conventos: si finalmente obteníamos el título de Patrimonio de la Humanidad, la campana del Reloj arrancaría a sonar en cuanto se conociera la noticia y sería bueno que se le sumasen todas las otras campanas de la ciudad.

Y por si... hablamos con la Cofradía de La Sentencia, para que estuviesen listos para montar un par de barras en la Plaza de Santa María para celebrar una verbena el viernes 4 de julio.

Y por si... hablamos con la empresa de pirotecnia con la que entonces trabajábamos y le dijimos que nos tenía que tener preparado un espectáculo piromusical (de unos 9.000 euros) para la celebración.

Y por si... llamamos a Manolo Puentes y le dijimos que para la posible verbena del 4 de julio necesitábamos una orquesta en condiciones.

Y por si... llamé a Antonio Espejo, mi amigo y entonces Concejal de Festejos del Ayuntamiento de Santa Fe, para pedirle que nos prestaran sus gigantes, sus cabezudos y los adornos de sus Fiestas de las Capitulaciones.

Y por si... la mañana del jueves 3, cuando ya el Negociado era un hervidero de partes de trabajo, órdenes y disposiciones, redacté el Bando Extraordinario que firmaría el Alcalde y las cuñas publicitarias para Radio Úbeda, y ahora sé que todavía no he escrito nada tan importante como aquellas palabras de aquel día.

Y por si... le dijimos a Gráficas Minerva que si éramos Patrimonio de la Humanidad necesitaríamos el Bando para esa misma tarde, cuando se le diese el visto bueno.

Y por si... después de comer a traganudo en el Navarro salimos hacia Santa Fe Leo y un servidor en el coche de Leo, Cristóbal y sus muchachos en el camión cafetera del Ayuntamiento y otros empleados del Parque de Obras en un camión más grande para cargar los gigantes.

Y acabando de salir de Santa Fe, con todo nuestro cargamento, nos llamaron nuestras madres y nos dijeron que sí, que finalmente habían dado el título de marras a Úbeda y Baeza y que ya estaban sonando todas las campanas de la ciudad. Y entonces Nani fue corriendo al Ayuntamiento a hacer partes de trabajo, saludas y llamadas, y entonces el teléfono fue un hervidero para decirle que sí a los fuegos artificiales, que sí al bando, que sí a la orquesta, que sí a la cabalgata, que sí a la Sentencia... Y a llegar a Úbeda –creo que nunca ha habido unos trabajadores municipales tan felices como nosotros ese día y tan conscientes de la importancia de su trabajo– a eso de las ocho de la tarde nos esperaba una comisión especial presidida por Luisa Leiva que dio el visto bueno al bando del Alcalde –media hora más tarde el mítico bando estaba impreso en el Ayuntamiento y se comenzaba a repartir por los comercios– y a todos los fastos del viernes 4 de julio, que amaneció bien pronto, con los adornos de las calles del centro histórico, con los preparativos de la cabalgata, con el montaje de las barras y del escenario en la plaza de Santa María, con los preparativos acelerados de los fuegos artificiales...

Seis años después miro aquel día con nostalgia. Con nostalgia en lo profesional, porque ya no ha habido nunca días como aquél en los que los trabajadores del Negociado de Cultura y Fiestas nos hayamos sentido tan importantes, tan necesarios y, sobre todo, tan respetados, sino más bien todo lo contrario. Pero también con mucha nostalgia en lo que como ubetense me atañe. Porque, seis años después, ¿qué ha sido de la Úbeda Patrimonio de la Humanidad?

En realidad ha sido que ha empeorado, que muchos monumentos –Santo Domingo, San Bartolomé, San Lorenzo, Madre de Dios, San Pedro, Santa María, Palacio de los Orozco, Palacio del Marqués de Mancera...–, están abandonados o tan mutilados que resultan irreconocibles; que se han realizado obras que son verdaderas barbaridades, y pienso ahora en la techumbre de acero y cristal del Palacio del Deán Ortega; que no se cuidan las intervenciones en el centro histórico, que cada uno hace lo que quiere y que la verdad más clara y más alta que se ha dicho aquí en los últimos años es la que Antonio Almagro proclamó en su brillante conferencia de antesdeayer.

De todos modos creo que hay un símbolo exacto, preciso, de lo que estos seis años han significado para Úbeda, que es nada: ese símbolo es la campana del Reloj Municipal.

Hace seis años, elevó su sonido vibrante todavía por encima de la Plaza de Toledo, dando a todo el pueblo la feliz noticia e invitando a sumarse a su alegría a todas las otras campanas de la ciudad. Dentro de un rato, esa misma campana dará el pistoletazo de salida al repique general de campanas con que se conmemorará la hora exacta de la declaración. Hace seis años le dijimos a los párrocos que tocasen cuando oyesen la campana del Reloj, hoy les hemos dicho que toquen a las seis y media, porque la campana municipal no se oye. Está cascada, abandonada, suena a huero, a tiempo derrotado o perdido. Y la indolencia de todos no hace nada para reparar la campana o, para en el caso de que no tenga arreglo, jubilarla gloriosamente y poner otra en su lugar. El sonido quebrado de esa campana que hace seis años vibró sobre los tejados de Úbeda es la imagen actual del abandonado patrimonio histórico de Úbeda seis años después de aquellos días maravillosos del “por si...”.

VERANO



Mi abuelo Juan decía que el verano es para los ricos, que, más o menos, vienen a ser los que, cuando torcemos la esquina de los días larguísimos de junio y nos encontramos de bruces con las alertas naranjas de julio, recogen los bártulos y se van, sin más, a sus viviendas en la playa. Tenía razón mi abuelo: el verano está hecho para la real familia, para los banqueros con yate o los señoritos con chalet levantado sobre las arenas de las playas atlánticas, pero no es un tiempo a la medida de quienes todavía se suben a un andamio o de quienes, simplemente, carecen de piscina para refrescarse cuando vuelven del trabajo y agonizan cada tarde durante las siestas imposibles que intentan dormir en pisos ya recalentados. A mí, que no soy rico y que no tengo chalet en la playa y que no sé si me cuadran las cuentas y los días para irme de vacaciones, el verano me provoca cansancio y, sobre todo, una profunda nostalgia de esos días felices, íntimos, recogidos del invierno, que es mucho más democrático e igualitario que el verano, sobre todo porque es más fácil abrigarse que refrescarse. Y así, me paso estos días en los que algunas sacan a relucir su vocación de tostadas, anhelando que lleguen los días frescos de octubre, las tardes grises de noviembre, el viento en las ventanas que diciembre trae o los fríos de las mañanas limpísimas de enero. Pero como el tiempo, tozudo, se empeña en no correr más de lo debido y julio y agosto y septiembre –el cambio climático nos ha robado la esperanza de frescor que septiembre ponía en el horizonte del verano– son unos meses pesados que avanzan muy despacio sobre el almanaque, mis anhelos acaban automáticamente convertidos en el deseo de ver un milagro, un hecho extraordinario, un suceso climático único en la historia, que puede ser, por ejemplo, una nevada el 12 de julio, una helada por Santiago o una temporada de lluvias allá por la Virgen de Agosto, cuando maduran las uvas.

Pero, ¿nada bueno tiene el verano? Ah, claro que sí. Lo que pasa es que al verano, además del calor, lo hacen insoportable todos estos tontos ricos y famosos que nos cuentan sus veraneos, sus bikinis y sus ligues playeros. Y aún así el verano tiene su aquél, sus bondades, sus frutas generosas. Ahí están las cerezas y los albaricoques y los melocotones, y la tajada fría de sandía con la que llenamos la barriga antes de dormir una de esas siestas antológicas, y ahí está el melón dulcísimo. Y está –la tengo grabada a fuego en mi memoria– la noche altísima, recortada entre una plaza de pinos en un campamento de mi juventud, la noche extendida sobre las olas y la luna con una legión incontable de estrellas. Están todavía las noches en que, durmiendo en el campo, se alarga la charla con los amigos mientras el campo se llena de pájaros que chillan y de grillos. Y están siempre los recuerdos de aquella niñez mía en la que yo era rico, porque siempre tenía una pereza que estrenar, un libro lleno de aventuras y una alberca en la que los días transcurrían llenos de luz, como en un cuadro de Sorolla.

(Publicado en diario IDEAL el día 2 de julio de 2009)

miércoles 1 de julio de 2009

LA INDEFENSION DE LOS DECENTES



Hay ocasiones en que la ley y el Estado de Derecho parecen no disponer de argumentos ni de herramientas para defender a los ciudadanos. Y entonces, a medida que se retrae la autoridad y se abren los campos de impunidad de los que imponen el terror, crecen el descontento ciudadano, el desasosiego, la rabia. Luego eso se traduce en un aumento de los fascistas en las elecciones, y los políticos, cándidos, se preguntan qué está pasando.

Ese retraimiento de la autoridad y del imperio de la ley están sucediendo en Úbeda desde hace tiempo: concretamente desde que un clan mafioso (que se ampara en su condición de minoría étnica para gritar “racismo” en cuanto se señala la necesidad de practicar la mano dura contra ellos) está actuando libremente, desplegando sin cortapisas y sin temor –nada tienen que temer, a la vista está– sus normas, sus pautas. Palizas a camareros racistas que pretenden llevar a cabo el racista acto de cobrarles la cerveza que se toman, insultos presenciados por las fuerzas de orden público a quienes van a comprar a la Plaza de Abastos, intimidaciones brutales a niños –en los parques públicos y a plena luz del día: nada tienen que temer, repito– para robarles su cachorro de perro, su móvil, la paga del domingo… Y como les está funcionando lo de acobardar a la gente y como la política de miedo que practican impunemente es cada vez más potente, pues los rumores de acciones de esta escoria son cada vez mayores, hasta lograr que haya cuajado en Úbeda una sensación generalizada de indefensión. Sensación que crece cuando el rumor dice que los asaltados, golpeados o humillados bajan a la Comisaría a interponer una denuncia y salen de allí cabizbajos y con la beata recomendación de que no lo hagan, por su bien. Y tan generalizada es esta sensación de miedo y de indefensión que para las inminentes Fiestas del Renacimiento ya hay colectivos que van a preparar bates de béisbol en sus tabernas para defenderse de esta gentuza si aparece por allí, que aparecerán.

¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Tan averiado anda el espacio de la autoridad pública que es incapaz de desplegar sus medios para imponer la defensa de los ciudadanos decentes? ¿Qué habría ocurrido, por ejemplo, si una mañana de sábado unos ciudadanos cualesquiera hubieran cogido, delante de la policía, su coche con un cubata en la mano? ¿No habrían sido multados y detenidos? ¿No habrían sido inmediatamente detenidos y esposados los ciudadanos que hubieran insultado a los policías, los que los hubieran amenazado? ¿Por qué la ley cae con todo sus peso y todas sus togas y todas sus burocracias sobre los ciudadanos normales cuando cometen un error y escabulle sus responsabilidades frente a estas pandas del terror, que sistemáticamente se orinan sobre los derechos de la gente con la aquiescencia de la autoridad pública, por lo que vemos?

El repliegue de la legítima defensa de los derechos de los ciudadanos que practica la autoridad está poniendo a la ciudadanía ubetense en el filo de la navaja: bastará con que a estos malnacidos se les vaya la mano un día –contra un niño racista que no quiere darles su móvil, contra un camarero racista que presenta la cuenta, contra una adolescente racista que no quiere que la violen, contra un paseante cualquiera y racista que se los quede mirando, contra el conductor racista que les pite si se saltan un semáforo– para que estalle la olla a presión. Y para que, a la vista de que no hay justicia y de que la ley y la autoridad no han comparecido, muchos poseídos por la rabia sientan la necesidad de agruparse en masa encrespada que marche incontrolable a tomarse la justicia por su mano. ¿No están cometiendo las autoridades un delito moral cuando, con su falta de actividad contra los criminales, empujan a los ciudadanos hasta el precipicio de esta situación límite? ¿Realmente la ley, los jueces, las autoridades, no disponen de vericuetos, de atajos, de recursos, para imponer la protección de los decentes, para frenar la marea de la indignación que es algo que saca lo peor de las personas y que siempre acaba mal? Parece que no, que no se tienen medios legales para ello o que se carece de voluntad política y policial y judicial para poner remedio, pero entonces, cuando llegue ese día de la rabia y las hoces, vendrán los políticos con su retahíla de lamentos, con sus circunloquios sobre la necesidad de integración, con sus proclamas contra el racismo. Y la ley que no cae sobre los que provocan el terror caerá sobre quienes, desesperados o poseídos por la ira, acudan a vengar a los aterrorizados. Lo lamentable, lo verdaderamente lamentable, es que a fecha de hoy, cuando todos vemos como crece ese espacio sombreado del terror practicado por unos cuantos, no se toman medidas, no se actúa, no se levanta una barricada de poderosa ley, de urgente justicia, que frene los rumores, el miedo, la posibilidad real de que se desborde la rabia.

En Úbeda, con esta gentuza de los tiros y las navajas, acabará ocurriendo una desgracia. Algunos tenemos ya muy claro quienes serán entonces los responsables morales. Y cada palo político, cada palo policial, cada palo judicial, cada palo fiscal, tendrán que soportar su vela.

(Publicado en Diario IDEAL el día 27 de junio de 2009)

viernes 26 de junio de 2009

MUJERES



Releó la historia de Antígona: en su altísima dignidad está la claridad fundadora de nuestros valores morales. Mientras, llegan por Internet las imágenes crudísimas de la agonía de Neda Salehi Agha Soltan, la joven iraní asesinada por la guardia pretoriana de Ahmadineyad durante las manifestaciones contra el pucherazo electoral. Dios y los hombres quieren esconder los cuerpos de las mujeres, pero Neda se muere en pantalones vaqueros y su rostro ensangrentado resume la historia de todas las mujeres del mundo y sus sufrimientos. En algunos periódicos la han llamado “el ángel de Irán”, pero a mí su cuerpo desmadejado, sus ojos vueltos y agonizantes, sus estertores últimos, me recuerdan a una Victoria de Samotracia que quiere poder volar, levantar un grito, una voz, un aullido de rabia en nombre de tantas mujeres víctimas de tantas tropelías. La han asesinado, a tiros, con la soberbia del macho que todavía se cree la historia de la costilla, pero puede que su voz y su cuerpo roto de universitaria sean ya una metáfora posmoderna de Antígona, y que haya fundado en la antigua Persia no sabemos qué imperio de la decencia frente a los burkas y los velos que protegen las multiculturalistas y los multiculturalistos de estos lares.

Releo la historia de Antígona, su oposición feroz al poder cobarde, y descubro que son los griegos los que nos fundan como personas. Y a través de las ondas de la radio me llegan las palabras de Francisca Hernández, que resuenan como un dedo acusador de los silencios y las complicidades. Porque la viuda del último asesinado por ETA se ha atrevido a decir que los presos de ETA no son presos políticos, que son asesinos, y que no hay derecho a que sus familias reciban dinero público para montar romerías euskaldunas y criminales para acudir a visitarlos y jalearlos. Los del PNV, claro, se han sentido directamente acusados por las palabras de Francisca Hernández, y dicen que las viudas no deben hablar, sobre todo si las viudas señalan la complicidad y los guiños de tantos años.

Pero es necesario que hablen las viudas y las madres rotas a las que les asesinan hijos, y es necesario que hablen, griten, las mujeres ultrajadas, violadas, las niñas acosadas y prostituidas, es necesario y es urgente que se alce como una marea bajo la luna llena la voz de las mujeres, porque son ellas las que a lo largo de la historia han ido tejiendo decencias, dignidades, con dolores masticados en soledad, con sufrimientos callados, con lágrimas resecas sobre la cara. Porque ellas han padecido las guerras sin estar en los campos de batalla, porque ellas han cavado las tumbas para los hijos que les sacrificaban los generales, porque ellas han curado los cuerpos de los hombres, sus almas, pese a que tantas veces los hombres no merecemos esos mimos, esas caricias. ¿No sería mejor el mundo si los hombres –y las mujeres como Bibiana Aído– nos callásemos y sólo se escuchase la respiración final y verdadera de Neda, la rabia y el llanto de Francisca, la dignidad de las mujeres dignas?

(Publicado en Diario IDEAL el día 25 de junio de 2009)

miércoles 24 de junio de 2009

SAN JUAN




San Juan. Uno de los días que, cada año, más me llenan de nostalgias. Porque hoy empezaba el verano en mi familia: hoy podíamos bañarnos por primera vez en al alberca de aquella casa grande en que me críe, hoy bajábamos todos los juguetes a los corrales, donde estarían ya todo el verano, hoy la Biblioteca parece que guardaba los mejores libros para tantos días largos y perezosos como el calendario ponía delante de nosotros… y hoy, sobre todo, era un día de fiesta, porque los Juanes eran multitud en mi familia: mi padre, mi hermano, mi abuela paterna, mi abuelo materno y una legión de tíos, tías y primos. Tantos Juanes, que yo, de pequeño, pensaba que mi calle se llamaba “Don Juan” porque todos los Juanes de Úbeda eran Madrid o Delgado.

Hoy es San Juan, y aunque ya no hay alberca ni nos juntamos todos los primos ni mi hermano está aquí y aunque ya murieron mis abuelos, mi corazón sigue estando de fiesta. Una fiesta de recuerdos. Y un convencimiento: si ya ni San Juan es lo que era lo mejor es que pase cuanto antes este suplicio de un verano sin alberca, ni libros, ni corrales con juguetes, ni días para la pereza y el descanso. Pero hoy me gusta paladear el verano: porque soy un poco el niño que fui en un día como éste, tantos años. Hoy me alegran los vencejos que chillan sobre la foto de cielo y cipreses que me brinda la ventana abierta: mañana volveré a desear un fenómeno meteorológico raro, único, como por ejemplo una ola de nieve y frío desde mañana mismo. Hoy es San Juan, hoy me siento feliz, hoy vuelve a mí un niño que se llamaba como yo.

viernes 19 de junio de 2009

UNO DE LOS MÍOS



Era uno de los nuestros, o al menos era uno de los míos, estoy convencido. Un hombre normal, casado, con hijos, un hombre dedicado a luchar contra los héroes del tiro en la nuca que hoy le han segado la vida en otro de sus valientes actos, con una bomba lapa que ha volado su coche. Puro heroísmo, ya digo, pura valentía ese dar la cara de los terroristas, de los miserables comprendidos por el PNV, de las sabandijas con las que ya no hay nada que dialogar, con esos subhombres que muerden y matan porque se saben derrotados y agonizantes, y contra los que sólo cabe la intervención de los compañeros del policía que hoy han asesinado y una ley más dura, más severa, más justa, que repare hasta donde pueda el dolor infinito y la rabia que hoy sienten la viuda, los hijos, los hermanos de este hombre muerto.

A estas horas los políticos ya estarán dando rienda suelta a su retórica huera, a su palabrería. Palabrería: la del lema de la manifestación que el gobierno vasco ha convocado para mañana, con eso de “contra ETA y por la paz”. ¿Qué guerra hay en el País Vasco o en España para pedir paz? ¿Qué dos ejércitos andan enfrentados? ¿Qué acción militar o guerrera es esta de asesinar a alguien con tamaña cobardía, con tan vil ruindad?

Hay un hombre muerto. Asesinado. Es eso lo que cuenta. Eso y la necesidad de hacer justicia. Y la necesidad, también, de contener eso que ETA provoca con sus asesinatos, que es sacar lo peor de cada uno nosotros. Porque yo ahora mismo siento asco y vuelvo a interrogarme por la injusticia cósmica que ha impedido que la bomba estallase en las manos del terrorista, del héroe, del soldado en guerra, que la colocaba debajo del coche.

Era uno de los míos. Y se llamaba Eduardo Puelles García. ETA lo ha matado hace unas horas.

ESTAMPAS DEL MUNDO



Miramos nuestro mundo y es difícil creer que no todo está averiado. Tiran a la basura el brazo de un hombre esclavizado y lo dejan abandonado, desangrándose, a tres manzanas del hospital. Hay curas que se niegan a darle la comunión a niños con síndrome de Down. Los fascistas que se enseñorean en Milán denuncian en España a quienes quieren que salgan a la luz los crímenes de la dictadura. Se bajan los impuestos directos y se suben todos los otros, para robar impunemente a quienes menos tienen. Se mueren los poetas y gozan de buena salud los banqueros y los políticos. La más tonta de la clase anuncia, sin rubor ninguno, que su jefe es la esperanza más esperada del mundo mundial. El océano se traga a los bebés que se embarcan rumbo el pan negado. Se paga por un futbolista lo mismo que cuestan decenas de hospitales. He ahí la realidad de un tiempo en el que las esperanzas de otros tiempos están rodando por las escaleras: no hay mañana esperándonos en el relleno. El futuro está roto –como un espejo viejo–, se trata de eso. Y sin embargo aún quedan decencias que destacar.

La decencia se llama Thomas Dart y tiene sobre el pecho la estrella de cinco puntas del sheriff del condado de Cook: se ha negado a cumplir más órdenes de embargo, que los jueces dictan a mayor honra y riqueza de los bancos, porque le partía el alma ver a familias desesperadas recoger sus cosas –una manta para los niños, las fotografías, calcetines limpios– y sentarse en las aceras de la calle desnuda, llorando. Y decencia es el Movimiento de Parados y Precarios en Lucha que en Francia –de Nochevieja para acá– asaltan los supermercados, llenan carros de alimentos, se niegan a pagarlos y luego los reparten entre familias que lo han perdido todo con la crisis y entre los emigrantes sin papeles que duermen en los parques. Y la decencia son ese sheriff y esos Robin Hood porque ellos ya saben que la justicia está por encima de la ley, y que la ley puesta al servicio de los poderosos es una indignidad contra la que es legítimo decir basta.

Los padres fundadores de los Estados Unidos sostenían como verdad evidente que todos los hombres están dotados por Dios de los derechos inalienables de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Y sostenían que los gobiernos se instituyen para garantizar esos derechos. Y sostenían que cuando una forma de gobierno destruye esos derechos, el pueblo debe reformar o abolir esa forma e instaurar un nuevo modelo fundado en los valores supremos. Vivimos una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo de sojuzgar a los menores, a los de abajo, la mayoría. El derecho, el deber de los pueblos libres –o sea: de todos nosotros– es derrocar la política que ampara tamaños desafueros y establecer nuevos resguardos para la seguridad y felicidad de nuestros hijos. Si la democracia degenera en servilismo hacia los poderosos deja de ser democracia: se convierte en infamia y en tiranía sonriente. Y entonces es la hora de alguna rebelión: de una refundación.

(Publicado en Diario IDEAL el día 18 de junio de 2009)