"No me da la gana. No quiero que mi pensamiento me lo estén dictando a cada paso los vigilantes voluntarios de un sectarismo político del que ya no están a salvo ni las opciones más personales de la vida." ANTONIO MUÑOZ MOLINA




viernes 11 de diciembre de 2009

AMINETU HAIDAR




Desconozco si jurídicamente es cierto que España mantiene la soberanía sobre el territorio del Sahara Occidental, pues los vergonzosos Acuerdos de Madrid de noviembre de 1975 no supusieron renuncia a la misma. Desconozco, también, si en virtud de aquellos acuerdos arrancados por la fuerza por el siempre peligroso vecino marroquí, España sigue siendo una de las tres potencias administradoras de un territorio que era tan español como la tumba del Cid. Lo que sí sé es que el caso de Aminetu Haidar demuestra que España es siempre una mala madre y peor madrastra.

Cuando Aminetu nació, en 1964, su país era la cincuenta y una provincia española: Provincia Ultramarina del Sahara Español, se llamaba desde 1958. Y los españoles que la habitaban recibían, como cualquier otro español, su Libro de Familia o su documento de identidad. Y en las Cortes franquistas los procuradores saharauis, ataviados con las ropas blancas propias del desierto, “representaban” a su provincia con los mismos derechos que tenían los procuradores vestidos de azul falangista. O sea, que Aminetu nació como española, que como tal fue inscrita en el Registro Civil y debe conservar el español Libro de Familia de sus padres, que registra españolamente su matrimonio y el nacimiento de sus hijos. Como ciudadana española vivió, claro, hasta que el chantaje marroquí logró quebró el camino hacia la independencia saharaui que tan claramente había asumido el agonizante régimen franquista. Y como saharaui de nación y española de ciudadanía Aminetu se quedó desnuda de identidad y carente de protección siendo una niña, en febrero de 1976, cuando los últimos soldados españoles salieron de la provincia y la abandonaron a su suerte, que fue su mala suerte.

El calvario del Sahara tiene –semana arriba, semana abajo– los mismos años que yo. En este tiempo yo he crecido, he estudiado, he viajado, he amado, he tenido un hijo: mientras, los que cuando yo nací eran ciudadanos de mi país han sido ultrajados por la dictadura marroquí, han tenido que huir de sus hogares y acampar en medio del desierto, que es la sed y el olvido. En este tiempo los saharauis han padecido torturas, persecuciones, vejaciones denunciadas por todos los organismos internacionales de protección de los derechos humanos. Durante todos estos años España ha guardado el silencio cómplice que cabía esperar de ella, para no molestar a los marroquíes, que son ese vecino problemático y gritón y cínico que siempre impone su visión del mundo a golpe de amenazas. Desde febrero de 1976 hasta ahora mismo –cuando Aminetu Haidar pide con su hambre libertad para su patria– el calvario de nuestros hermanos saharauis nos ha enseñado que España no es un país de fiar, que somos un pueblo cobarde que nunca da un puñetazo encima de la mesa ni se enfrenta al vecino. Los pescadores de Cádiz saben que España es mala madre, los saharauis han comprobado que es peor madrastra. Y lo peor es que no sentimos vergüenza por lo que hicimos con los saharauis.

(Publicado en Diario IDEAL el día 10 de diciembre de 2009)

jueves 10 de diciembre de 2009

RESPONSABILIDAD Y FELICIDAD




Hoy es un día de resaca en los que uno se siente realmente feliz. No hay muchas ocasiones en la vida que nos permitan sentir esta íntima felicidad, esta íntima satisfacción, pero cuando llegan, la verdad es que sientan bien, muy bien. Y hoy es un día de esos, hoy es una de esas ocasiones.

Ayer pude conocer en persona a un escritor al que admiro desde que soy adolescente: Antonio Muñoz Molina. Yo, que en el fondo sigo siendo un sentimental, estaba emocionado cuando fuimos a recogerlo a Linares-Baeza, o cuando estuvimos con él en el patio del Parador, por la tarde, o durante la cena que un grupo de amigos compartimos también en el Parador, donde por cierto no podremos agradecer nunca el trato que recibimos y la paciencia de su director, Jesús Cárdenas, y de sus trabajadores, que aguantaron hasta altas horas de la madrugada.

Pero sobre todo estuve emocionado cuando me tocó presentar su novela delante de un Auditorio del Hospital de Santiago lleno hasta las trancas, como muy pocas veces se ha visto. No sé, fue un momento extraño, hablar de lo que se admira teniendo delante al artífice de esa magnífica obra literaria. Ya les digo, un momento raro, feliz, que me llenó de satisfacción, sobre todo porque el acto resultó del gusto de la gente y porque, luego, Antonio estuvo realmente brillante, embelesándonos a todos con sus palabras.

Creo que desde que hace ya casi diez años tuve el honor de entregarle a El Viejo el premio que le dábamos los Jóvenes de Acción Católica no había tenido una responsabilidad tan grande, y ayer notaba como pesaba esa responsabilidad en cada palabra que pronunciaba, con la boca seca. Lo que sí se hoy, ya más tranquilo, feliz, satisfecho, es que el 9 de diciembre de 2009 es uno de esos días que ya no olvidaré nunca. Y que le debo esa felicidad a la paciencia de María Luisa, al empeño de Ramón Beltrán, a la generosidad de la Asociación “Alfredo Cazabán” y sobre todo a la confianza de Antonio Muñoz Molina.


miércoles 9 de diciembre de 2009

MUÑOZ MOLINA: LAS PALABRAS NECESARIAS




Esta noche en el Auditorio del Hospital de Santiago, de Úbeda, Antonio Muñoz Molina presentará ante sus paisanos su nueva novela, La noche de los tiempos. Se trata de una obra monumental, hilada con una prosa ambiciosa hecha de un mosaico coral de herencias literarias: a mí me parece que este libro mira los personajes del Madrid de 1936 con el amor minucioso de Galdós, pero toda la visión literaria está ya transformada por la experiencia de Proust o por el eco dramático de Rulfo, hasta completar una galería de personajes que se convertirán en esenciales dentro de la historia de la literatura española.

De entre todos ellos destaca el protagonista, Ignacio Abel, un arquitecto racionalista y socialista –socialista de los de Prieto, de los Ríos y Besteiro– que a las pocas semanas de haber comenzado el conflicto huye de España. En él, Muñoz Molina retrata el drama íntimo de ese país casi olvidado que fue la España moderada, dolida, la España comprometida con la legalidad de la República parlamentaria. La España que inició el primer exilio, en el que sólo se anuncia el que comenzará a una escala bíblica cuando el frente de Cataluña se derrumbe en enero de 1939. El exilio de Ignacio Abel es el exilio de los moderados, de los que saben que su vida corre peligro en los dos bandos, porque ambos bandos odian a los tibios, a los que todavía confían en que es posible construir un país mejor desde la escuela pública, la modernización de las infraestructuras o las elecciones libres.

Esta novela de Muñoz Molina marca un hito en la historia reciente de España. Ahora que tanto abunda la palabrería sobre la “recuperación de la memoria histórica”, que en realidad lo único que pretende es hacer pasar por buenos a todos los de un bando y por malos a todos los del otro, era necesario que alguien como el escritor ubetense –tan meridianamente comprometido con los valores del socialismo ilustrado y patriótico español– dijese las realidades objetivas que desfilan por delante de los ojos de Ignacio Abel.

Porque la realidad de aquellos años trágicos es, no nos engañemos, que hubo un sector de la izquierda –la CNT, el PCE, una mayoría del PSOE– que despreciaba el régimen de libertades de 1931 tanto como los fascistas de Falange o los carlistas del Requeté. Y la verdad es que en 1934 –en octubre se cumplieron setenta y cinco años y nadie ha dicho nada ni ha perdido perdón– esa izquierda se echó al monte para intentar acabar con la República, tal y como hiciesen, unos meses después, las derechas en el golpe del 18 de julio. Y la realidad es que hubo hombres decentes, honrados y buenos que murieron asesinados a manos de los matarifes gobernados por Franco, Queipo o Yagüe, pero también los hubo que calleron bajo la ira sangrienta de las masas revolucionarias. Y la realidad es que la bandera española tricolor fue despreciada con igual saña por los contendientes más radicales de ambos bandos, y que apenas un triste y escaso puñado de ignaciosabeles y morenosvilla se entristecían al pensar la oportunidad que entre todos se había desperdiciado para hacer un país simplemente más moderno, mejor, más limpio. Y la realidad es que el espanto ante el crimen no puede entender de trincheras ni de uniformes ni camisas, y que no se puede rescribir la historia para hacernos creer que todos los caídos en el bando “rojo” fueron inocentes víctimas defensoras de la libertad y la democracia, porque simplemente eso no es verdad. Y para hacernos pensar y reflexionar sobre todo esto, ha sido necesaria la palabra lúcida, valiente y bellísima de Antonio Muñoz Molina.

(Publicado en Diario IDEAL el día de hoy, dentro del especial dedicado a Antonio Muñoz Molina)

sábado 5 de diciembre de 2009

POR LA LIBERTAD EN INTERNET


Ante la nueva embestida contra los derechos de los ciudadanos que planea el gobierno de España, a mayor honra y gloria y pago de favores de los chicos de la SGAE, un grupo de internautas está difundiendo el siguiente manifiesto por la red. Parece que la presión ha dado resultado y de entre el caos con el que se gestionan las cosas públicas en España (ya saben: una ministra dice una cosa, su compañero la contraria) se ha alzado la voz del presidente para decir que se da marcha atrás. En cualquier caso, nos sumamos a ese manifiesto, suprimiendo, eso sí, el punto 9 del mismo, que nos parece un atentado a los legítimos derechos de los autores. Todos los demás, chapó. Sobre todo los que denuncian el ataque feroz a la democracia que supone el dejar en manos de particulares el cierre de medios de expresión.

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

viernes 4 de diciembre de 2009

TURBAS LINCHADORAS





Diego Pastrana es ese joven canario al que todos estamos haciendo pasar por un calvario difícil de vivir e imposible de olvidar. Una tarde, se presenta en el hospital con su hijastra a punto de morir y sale de allí esposado y directo al calabozo porque uno de los perspicaces médicos que pueblan alguno de los diecisiete sistemas sanitarios españoles dice que hay rastros en la niña muerta de malos tratos y de violaciones sexuales. Es de suponer que las diligentes autoridades sanitarias de Canarias pasan el parte médico a la prensa, para que todo el mundo sepa lo eficazmente que se actúan los políticos contra los maltratadores, y ya nadie puede evitar el linchamiento moral de este hombre. Ahora no vale esquivar la responsabilidad, porque todos fuimos culpables, todos hemos sido responsables de lo sucedido. Cierto es que el responsable genésico de todo es ese médico que certifica lo inexistente, y luego el politicucho de turno que ufano y feliz por haber apresado a un criminal se lo cuenta a la prensa. Pero a partir de ahí ya no es posible que ningún ciudadano renuncie a su responsabilidad.

Nuestra sociedad, al socaire de unos medios de comunicación desesperados por captar lectores y oyentes y televidentes, tiene una capacidad aterradora para convertirse en turba. La modernidad, la diversidad de la información y la inmediatez de la misma no están sirviendo para hacernos mejores sino para sacar lo peor que anida en nuestro interior, ese animal sediento de venganza y ansioso de acudir a la plaza con hoces y horcas. Es suficiente la sospecha o el error en el diagnóstico para culpar a alguien de crímenes terribles, sin necesidad de esperar dictámenes médicos definitivos o juicios en los que pueda defenderse. No hay presunción de inocencia, porque la propia la ley la vulnera: ante denuncias de los malos tratos muchos hombres inocentes se están viendo obligados a reconocer palizas que no han dado para someterse a un juicio rápido y evitar el desastre psicológico del calabozo. Prima el juicio inmediato, inmisericorde, terrible, el juicio del titular que más horror acapare, el de las palabras que nos dibujen un acusado más repugnante. Pero ocurre si la acusación es falsa y tan horrenda destruye al acusado. A Diego se le encerró en un zulo, a pan y agua y los guardias civiles que lo custodiaban lo obligaron a presenciar las fotografías terribles de la autopsia de su hijastra. Ahora está devastado, arrasado, sin resortes íntimos a los que aferrarse. Nosotros, todos nosotros, todas nuestras palabras iracundas, lo hemos destruido. Y lo realmente grotesco es que el médico que inicio la vía dolorosa de este joven debe ser compañero, sino amigo, del que no hizo ninguna prueba cuando la niña llegó al hospital con el golpe en la cabeza que finalmente la ha matado.

Profesionalidad, sensatez, mesura, todo eso ha desaparecido de nuestra manera de ser, de escribir, de expresarnos. Somos carne de turba linchadora. ¿Podrá perdonarnos Diego?

(Publicado en Diario IDEAL el día 3 de diciembre de 2009)

miércoles 2 de diciembre de 2009

VIVE CON ARTE





Otro año, y van dos, mi hermano José Miguel se ha hecho con el segundo premio del concurso de carteles que con motivo del Día del SIDA organiza la Junta de Andalucía. Lo idóneo hubiese sido colgar aquí este cartel ayer, pero no hubo tiempo. Así que aquí queda hoy ese cartel de VIVE CON ARTE como prueba de su buen hacer.

sábado 28 de noviembre de 2009

UNA HISTORIA DE AMOR





En Carta a D. Historia de un amor André Gorz le cuenta a Dorine Keir la biografía de su amor, lo que para él significo amarla. Dorine vivió muchos años atormentada por un cáncer de endometrio y por una aracnoiditis, y Gorz la cuidó con la paciencia del amante en una de esas hermosas casas decimonónicas del campo francés, alejados del tumulto y de la medicina convencional. Estaban solos el uno para el otro, el uno con el otro. Allí, ella pudo haber sido feliz –se lo dice con Gorz con ternura– si la enfermedad no la hubiera consumido en dolores.

El libro destila pasión, compasión, comprensión: habla del amor y de la vida en pareja, que es crecer con la persona que se quiere. Pero los párrafos finales no pueden leerse sin que un nudo apriete en la garganta. Están escritas desde la certeza del fin: André y Dorine seguramente habían hablado de su vejez, de su soledad, de la tragedia que sería agostarse sin poder ayudarse, devorados por los años. André y Dorine querían morir juntos, el mismo día, de la misma manera, y el 22 de septiembre de 2007 se inyectaron una sustancia letal. Murieron abrazados en su casa de Vosnon, no sabemos si oyendo a Kathleen Ferrier cantando los versos de Gluck que dicen que “El mundo está vacío/ no quiero vivir más”. Algunas noches André veía la silueta de un hombre caminando detrás un coche fúnebre en el que viaja Dorine, ya muerta. Y le dice que no quiere asistir a su incineración ni que le den un bote con sus cenizas, y que se despierta cuando oye la voz delicadísima de Ferrier cantando esos versos. “A ninguno de los dos nos gustaría tener que sobrevivir a la muerte del otro”: ninguno quiere quedarse en ese mundo vacío e inhóspito que la muerte inaugura con la ausencia de la persona amada.

Gorz es un anciano de más de ochenta años cuando escribe esta carta de amor. Pero es un anciano enamorado: confiesa que hace poco volvió a enamorarse de Dorine y que está poseído por “un vacío devorador que sólo sacia tu cuerpo apretado contra el mío”. De pronto, en esas palabras cuajadas de melancolía y de tristeza y cercadas por la inminencia del fin –la proximidad de la muerte ha dotado al filósofo de una clarividencia mágica– resuenan algunos de los más bellos versos de amor. ¿No se anuncia en ese amor postrero el polvo enamorado de Quevedo? ¿No está el amante André diciéndole a la amada Dorine que “con la lengua muerta y fría en la boca/ pienso mover la voz a ti debida”? El amor, claro, es una forma de vivir juntos, pero para Gorz es también una manera de morir juntos, porque sabe que cuando lo amado muere, muere una parte del amante, tal vez la parte fundamental de su persona. Y entonces el mundo está vacío, pero no tanto, pues las palabras del amor “harán parar las aguas del olvido”. Morir amando y quedarse en lo amado. Amar con la intensidad de los huesos y los músculos, creciendo cada día en el amor. “Recién acabas de cumplir ochenta y dos años. Y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca.” Todo está dicho.

(Publicado en Diario IDEAL el día 27 de noviembre de 2009)