Y por si... hablamos con todos los párrocos de la ciudad y con los priores y superioras de los conventos: si finalmente obteníamos el título de Patrimonio de la Humanidad, la campana del Reloj arrancaría a sonar en cuanto se conociera la noticia y sería bueno que se le sumasen todas las otras campanas de la ciudad.
Y por si... hablamos con la Cofradía de La Sentencia, para que estuviesen listos para montar un par de barras en la Plaza de Santa María para celebrar una verbena el viernes 4 de julio.
Y por si... hablamos con la empresa de pirotecnia con la que entonces trabajábamos y le dijimos que nos tenía que tener preparado un espectáculo piromusical (de unos 9.000 euros) para la celebración.
Y por si... llamamos a Manolo Puentes y le dijimos que para la posible verbena del 4 de julio necesitábamos una orquesta en condiciones.
Y por si... llamé a Antonio Espejo, mi amigo y entonces Concejal de Festejos del Ayuntamiento de Santa Fe, para pedirle que nos prestaran sus gigantes, sus cabezudos y los adornos de sus Fiestas de las Capitulaciones.
Y por si... la mañana del jueves 3, cuando ya el Negociado era un hervidero de partes de trabajo, órdenes y disposiciones, redacté el Bando Extraordinario que firmaría el Alcalde y las cuñas publicitarias para Radio Úbeda, y ahora sé que todavía no he escrito nada tan importante como aquellas palabras de aquel día.
Y por si... le dijimos a Gráficas Minerva que si éramos Patrimonio de la Humanidad necesitaríamos el Bando para esa misma tarde, cuando se le diese el visto bueno.
Y por si... después de comer a traganudo en el Navarro salimos hacia Santa Fe Leo y un servidor en el coche de Leo, Cristóbal y sus muchachos en el camión cafetera del Ayuntamiento y otros empleados del Parque de Obras en un camión más grande para cargar los gigantes.
Y acabando de salir de Santa Fe, con todo nuestro cargamento, nos llamaron nuestras madres y nos dijeron que sí, que finalmente habían dado el título de marras a Úbeda y Baeza y que ya estaban sonando todas las campanas de la ciudad. Y entonces Nani fue corriendo al Ayuntamiento a hacer partes de trabajo, saludas y llamadas, y entonces el teléfono fue un hervidero para decirle que sí a los fuegos artificiales, que sí al bando, que sí a la orquesta, que sí a la cabalgata, que sí a la Sentencia... Y a llegar a Úbeda –creo que nunca ha habido unos trabajadores municipales tan felices como nosotros ese día y tan conscientes de la importancia de su trabajo– a eso de las ocho de la tarde nos esperaba una comisión especial presidida por Luisa Leiva que dio el visto bueno al bando del Alcalde –media hora más tarde el mítico bando estaba impreso en el Ayuntamiento y se comenzaba a repartir por los comercios– y a todos los fastos del viernes 4 de julio, que amaneció bien pronto, con los adornos de las calles del centro histórico, con los preparativos de la cabalgata, con el montaje de las barras y del escenario en la plaza de Santa María, con los preparativos acelerados de los fuegos artificiales...
Seis años después miro aquel día con nostalgia. Con nostalgia en lo profesional, porque ya no ha habido nunca días como aquél en los que los trabajadores del Negociado de Cultura y Fiestas nos hayamos sentido tan importantes, tan necesarios y, sobre todo, tan respetados, sino más bien todo lo contrario. Pero también con mucha nostalgia en lo que como ubetense me atañe. Porque, seis años después, ¿qué ha sido de la Úbeda Patrimonio de la Humanidad?
En realidad ha sido que ha empeorado, que muchos monumentos –Santo Domingo, San Bartolomé, San Lorenzo, Madre de Dios, San Pedro, Santa María, Palacio de los Orozco, Palacio del Marqués de Mancera...–, están abandonados o tan mutilados que resultan irreconocibles; que se han realizado obras que son verdaderas barbaridades, y pienso ahora en la techumbre de acero y cristal del Palacio del Deán Ortega; que no se cuidan las intervenciones en el centro histórico, que cada uno hace lo que quiere y que la verdad más clara y más alta que se ha dicho aquí en los últimos años es la que Antonio Almagro proclamó en su brillante conferencia de antesdeayer.
De todos modos creo que hay un símbolo exacto, preciso, de lo que estos seis años han significado para Úbeda, que es nada: ese símbolo es la campana del Reloj Municipal.
Hace seis años, elevó su sonido vibrante todavía por encima de la Plaza de Toledo, dando a todo el pueblo la feliz noticia e invitando a sumarse a su alegría a todas las otras campanas de la ciudad. Dentro de un rato, esa misma campana dará el pistoletazo de salida al repique general de campanas con que se conmemorará la hora exacta de la declaración. Hace seis años le dijimos a los párrocos que tocasen cuando oyesen la campana del Reloj, hoy les hemos dicho que toquen a las seis y media, porque la campana municipal no se oye. Está cascada, abandonada, suena a huero, a tiempo derrotado o perdido. Y la indolencia de todos no hace nada para reparar la campana o, para en el caso de que no tenga arreglo, jubilarla gloriosamente y poner otra en su lugar. El sonido quebrado de esa campana que hace seis años vibró sobre los tejados de Úbeda es la imagen actual del abandonado patrimonio histórico de Úbeda seis años después de aquellos días maravillosos del “por si...”.











