viernes, 11 de diciembre de 2009

AMINETU HAIDAR




Desconozco si jurídicamente es cierto que España mantiene la soberanía sobre el territorio del Sahara Occidental, pues los vergonzosos Acuerdos de Madrid de noviembre de 1975 no supusieron renuncia a la misma. Desconozco, también, si en virtud de aquellos acuerdos arrancados por la fuerza por el siempre peligroso vecino marroquí, España sigue siendo una de las tres potencias administradoras de un territorio que era tan español como la tumba del Cid. Lo que sí sé es que el caso de Aminetu Haidar demuestra que España es siempre una mala madre y peor madrastra.

Cuando Aminetu nació, en 1964, su país era la cincuenta y una provincia española: Provincia Ultramarina del Sahara Español, se llamaba desde 1958. Y los españoles que la habitaban recibían, como cualquier otro español, su Libro de Familia o su documento de identidad. Y en las Cortes franquistas los procuradores saharauis, ataviados con las ropas blancas propias del desierto, “representaban” a su provincia con los mismos derechos que tenían los procuradores vestidos de azul falangista. O sea, que Aminetu nació como española, que como tal fue inscrita en el Registro Civil y debe conservar el español Libro de Familia de sus padres, que registra españolamente su matrimonio y el nacimiento de sus hijos. Como ciudadana española vivió, claro, hasta que el chantaje marroquí logró quebró el camino hacia la independencia saharaui que tan claramente había asumido el agonizante régimen franquista. Y como saharaui de nación y española de ciudadanía Aminetu se quedó desnuda de identidad y carente de protección siendo una niña, en febrero de 1976, cuando los últimos soldados españoles salieron de la provincia y la abandonaron a su suerte, que fue su mala suerte.

El calvario del Sahara tiene –semana arriba, semana abajo– los mismos años que yo. En este tiempo yo he crecido, he estudiado, he viajado, he amado, he tenido un hijo: mientras, los que cuando yo nací eran ciudadanos de mi país han sido ultrajados por la dictadura marroquí, han tenido que huir de sus hogares y acampar en medio del desierto, que es la sed y el olvido. En este tiempo los saharauis han padecido torturas, persecuciones, vejaciones denunciadas por todos los organismos internacionales de protección de los derechos humanos. Durante todos estos años España ha guardado el silencio cómplice que cabía esperar de ella, para no molestar a los marroquíes, que son ese vecino problemático y gritón y cínico que siempre impone su visión del mundo a golpe de amenazas. Desde febrero de 1976 hasta ahora mismo –cuando Aminetu Haidar pide con su hambre libertad para su patria– el calvario de nuestros hermanos saharauis nos ha enseñado que España no es un país de fiar, que somos un pueblo cobarde que nunca da un puñetazo encima de la mesa ni se enfrenta al vecino. Los pescadores de Cádiz saben que España es mala madre, los saharauis han comprobado que es peor madrastra. Y lo peor es que no sentimos vergüenza por lo que hicimos con los saharauis.

(Publicado en Diario IDEAL el día 10 de diciembre de 2009)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo, España no es un país de fiar, de hecho oficialmente sigue siendo la administradora del Sahara Occidental, pero eso no conviene recordarlo para no tener problemas con marruecos, sobre todo para que no los tengan los que tienen que pescar por esos lares; no damos un puñetazo en la mesa ni cuando tirotean a la guardia civil en aguas territoriales españolas.