viernes, 4 de febrero de 2011

APUNTES ÁRABES





Todas las palabras escritas sobre el terremoto que sacude al mundo árabe son un atrevimiento: lo que allí sucede es como el viento de la tormenta, y puede revolverse, amainar de golpe o desbocarse en forma de huracán. Lo cierto, a fecha de hoy, es que un fantasma sin nombre ni articulación recorre los países árabes: desde Túnez hasta Yemen o Jordania, pasando por el polvorín que es Egipto mientras escribo, nos llega un inequívoco mensaje de tragedia y esperanza, una impresión inarticulada de riesgo y libertad. Es imposible no mirar con simpatía a las multitudes apostadas en las calles del mundo árabe. Hay allí jóvenes, parados, obreros hambrientos, burgueses cansados de tiranías, estudiantes sin futuro, mujeres con pantalones vaqueros y los labios pintados que iluminan con sus rostros radiantes la posibilidad de que verdaderamente algo esté cambiando y de que nazcan sociedades liberadas de dictadores, pero también de los barbudos islámicos, que son mucho más temibles que los corruptos opresores de ahora. Porque esas masas que han tomado la historia de la mano y quieren conducirla por caminos nuevos, esas masas donde se congregan gentes de todas las clases y todas las ideas e incluso de varias religiones, son las depositarias en este momento de crisis global de la promesa que dice que los pueblos son artífices de su futuro.

Pero hay que apuntar algunas reflexiones sobre las dudas que plantean las rebeliones árabes.

Primera. Duda e incertidumbre principal: la del islamismo. El regreso a Túnez del líder integrista en el exilio es celebrado por millares de personas –las mismas que dos días antes jaleaban la libertad y la democracia– al grito de «Dios es grande». Y los Hermanos Musulmanes –germen de todo movimiento islamista– parecen fundamentales en la revuelta contra Mubarak, aunque ellos, inteligentemente, permanecen en la sombra, agazapados, mezclados con la multitud laica y civil. ¿Las dictaduras postcoloniales, sus hueros discursos modernizadores y las abismales diferencias de clase que dejan como herencia darán paso a teocracias inspiradas por el horror coránico? El ayatolá Jatami anuncia para todo Oriente «democracias» basadas en la religión según el modelo iraní, como si la democracia fuese compatible con la sujeción servil a lo divino y no fuese una independencia de lo civil frente a lo militar y lo religioso. Al ver y leer estas cosas, ¿quién no siente un escalofrío?

Segunda. ¿Qué papel van a jugar los ejércitos árabes? Mal que le pese a la progresía admiradora de Erdogan, fue el ejército turco quien garantizó la construcción de una sociedad laica, civil y democrática en Turquía, y el acoso al papel de las fuerzas armadas turcas como garantes de la revolución kemalista ha permitido, por ejemplo, la prohibición de la venta de alcohol por prejuicios islámicos. Y en Portugal el Consejo de la Revolución, controlado por los militares golpistas, garantizó la obra de consolidación de la democracia y modernización del país. ¿Pueden los ejércitos árabes desempeñar papeles similares a los de sus compañeros turcos o portugueses, liderando las transiciones democráticas que acaben con las largas tiranías pero que también frenen el peligro islamista y garanticen el pluralismo político, las libertades públicas y los derechos fundamentales por los que hoy rugen las masas en las grandes plazas de Oriente?

El mundo árabe hierve ahora mismo de esperanzas, pero también de riesgos y de incertidumbres. Algo tendrán que comenzar a decir y hacer los gobernantes de Occidente: tendremos que comenzar a hacer mudanza en la comodidad que nos daban los tiranos árabes para hacer posibles las transiciones democráticas salvando los escollos que plantea el iracundo integrismo islámico.

(IDEAL, 3 de febrero de 2011)

1 comentario:

Anónimo dijo...

yo voto por un sistema piramidal en Egipto