miércoles, 16 de febrero de 2011

ADVERTENCIA: CONTRA LOS PODEROSOS Y LOS PUROS





Ahora que en el mundo árabe parece que cuaja un anhelo de libertad y de democracia, de justicia, que más pronto que tarde los redentores de pueblos reconducirán en su propio beneficio, recuerdo las demoledoras palabras que Guillermo de Baskerville dirige a su discípulo Adso de Melk cuando este plantea la posibilidad de un mundo mejor. Adso, que bien pudiera ser metáfora de todos los jóvenes árabes que hoy pelean el futuro en las plazas, escucha lo siguiente:

«Y si lo que estás buscando es una esperanza de justicia, te diré que algún día, para hacer las paces, los perros grandes, el papa y el emperador, pasarán por encima del cuerpo de los perros más pequeños que han estado peleándose en su nombre
También es cierto que ese círculo vicioso de la historia podría redimirse, tal vez, si se tuvieran presentes otras palabras del protagonista de El nombre de la rosa:

«Huye, Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia
«Los profetas y los que están dispuestos a morir por la verdad»: los dueños de la verdad, los puros, los que no dudan. Los mismos que hoy hacen cálculos en sus despachos distribuidos por todo el mundo, en sus mezquitas, de la ganancia que obtendrán con el sacrificio de los jóvenes árabes, los dueños de la pureza, los que no tienen mancha. En La pureza peligrosa Bernard-Henry Lèvy señala que son ellos los que han sembrado de cadáveres las cunetas de la historia y de gritos de dolor sus calabozos: la desconfianza hacia todo poder es la forma más cabal de construir una incierta libertad, porque la búsqueda de la pureza se ha hecho siempre por los caminos del horror. Si en los jóvenes árabes cuajara esa desconfianza hacia clérigos barbudos y trajeados políticos, podrían tal vez, huyendo de la esperanza de justicia y de las promesas de los dueños de la verdad, construir una justicia y una verdad.

1 comentario:

Miguel Pasquau dijo...

Creo que el final de "El nombre de la Rosa" es el siguiente diálogo, que me parece genial:

- ¿Qué es lo que más os molesta de la pureza? (preguntó Adso a Guillerom de Baskerville)

- "La prisa, Adso, la prisa".