jueves, 17 de junio de 2010

COSAS DEL MUNDIAL





Incluso quienes pasamos de la cosa del fútbol tenemos que reconocer que este país –España– necesita alguna alegría que le levante un poco el ánimo. Nunca he sido capaz de emocionarme con las emociones del fútbol, y ayer, cuando unos minutos antes de que comenzase el partido el Gobierno había anunciado la penúltima andanada contra los derechos de los trabajadores, yo me fui a dormir la siesta, porque sigo sin pensar que once multimillonarios en calzones cortos representen el concepto que yo tengo de patria. Pero en fin, más allá de todo eso y en medio del ánimo devastado que se palpa en el ambiente, acrecentado por la certeza de que lo realmente peor está por llegar, entiendo que las canciones alegres con que se anuncia el Mundial –la de Shakira es un ejemplo–, destinadas a galvanizar emociones y a ofrecer una vía de escape a tantos millones de personas que en todo el mundo han sido condenadas a la angustia por los banqueros, se estén convirtiendo en una especie de himnos de la resistencia. La gente, que tiene miedo al futuro, necesita una oportunidad para recordar que es posible ser felices, y si el fútbol les ofrece esa oportunidad, pues bien venido sea por una vez.

Ya les digo que ayer, sin escrúpulos ningunos, me eché una siesta como Dios manda mientras la selección española se jugaba en el césped de Sudáfrica los sueños de tantos y tantos compatriotas. Y cuando Manuel y yo nos despertamos, la selección ya estaba condenada a perder el partido. Entonces yo pensaba en algunas de las situaciones que ayer, al albur del partido, se estarían viviendo en España.

Por un lado debíamos andar los españoles que pasamos de estas cosas y nos fuimos a dormir, y por otro los españoles a los que ni el fútbol ni la madre que lo parió les libró de currar (toda la siesta estuvo sonando el ruido de una radial, y supongo que a los albañiles, bajo el sol, la aventura futbolera de los millonarios les importaba tan poco como a mí).

Por otro lado debía estar una gran mayoría, anhelante de que los representantes de España ganasen el partido. A mí, por lo único que me duele que la selección gane o pierda es por esa gente que vive con sinceridad y emoción estas cosas.

Luego, estarán los allegados al gobierno y al PSOE, ansiosos de que la selección gane algo por el simple hecho de que así podrá distraerse, por unos días, el enfado creciente de la sociedad española ante tanto disparate y tanta incapacidad. Y al otro lado, claro, andarán los allegados al PP deseosos de que la selección coseche una estrepitosa derrota por aquello de que “cuanto peor, mejor...” y para que al gobierno no le quede ni un tubito de oxígeno.

En fin, que ayer la selección perdió, para regocijo de unos, pena de otros e indiferencia de unos cuantos. ¿Favorita? No sé, no sé... ¿Esta es una nueva proclama fanfarrona, de esas a las que tan acostumbrados estamos los españoles? ¿Era la selección favorita del mismo modo que hace un par de años España iba a entrar en la estratosfera de las economías mundiales, desbancando a Canadá e Italia? Si es así, que se echen a temblar los aficionados y los esperanzados, porque ya hemos visto a donde nos ha llevado tanta palabrería, tanta fanfarria y tan poco sentido de la realidad. Favorita o no favorita, que a mí eso ni me va ni me viene, que ganen algo, hombre, que ganen algo... que la gente necesita una alegría. Por lo menos una alegría.

1 comentario:

Unknown dijo...

Otro que durmió la siesta como un bendito.