jueves, 7 de junio de 2007

LA HORA DE LOS GENEROSOS

Cuando han transcurrido casi dos semanas desde las elecciones municipales, el futuro parece a punto de estrenarse. Un futuro que –así lo quisieron los ubetenses– estará dirigido por Marcelino Sánchez y los socialistas de Úbeda. Un futuro que tiene que guiarse por el principio básico de la generosidad.

Vivimos en un país acostumbrado a apuñalar en cuanto alguien vuelve la espalda, un país en que se valora poco el trabajo y en el que se impide toda justificación razonable –aquí sólo sirven las justificaciones vergonzosas de actos vergonzantes–. Rápidamente se condena en España. Y sin embargo el momento político general y el ubetense exige del don de la generosidad.

Generosidad en el trabajo que se realiza desde la política: la política, con sus cañerías y sus atajos inevitables, es un trabajo hermoso si es un trabajo por los demás. Si se realiza pensando en eso que más o menos etéreamente podríamos denominar el “bien común”. Trabajar para conseguir mejores calles, o más guarderías, o más viviendas de protección oficial... pero también trabajar para hacer más ciudadanía que es hacer más compromiso de todos con lo que es de todos. Es ahí donde realmente nos la jugamos esta vez: o todos los ubetenses empujamos en la misma dirección y en ese carro común echamos nuestras discrepancias y nuestras diferencias (para encontrar durante el viaje la posibilidad de acercarnos y encontrarnos) o habremos perdido la última oportunidad que el futuro nos ofrece.

Generosidad también con el adversario político. El futuro Alcalde ha dicho que quiere que el suyo sea un gobierno de manos abiertas, tendidas, hacia los otros partidos. Estoy absolutamente convencido de las bondades que traería para la ciudad contar con un gobierno en el que, bajo el lógico impulso de los socialistas, colaborasen las otras fuerzas políticas. Sin pactos ni acuerdos que luego se convierten en chantajes del pequeño para el grande (soy un firme convencido de las virtudes de un sistema político que garantice gobiernos fuertes: de mayoría absoluta), sin imposiciones de nadie para con nadie. Un gobierno plural, dinámico, generoso. Alguien pensará que esto es una quimera, un sueño de idiotas. Pero en nuestra propia historia como ciudad está el ejemplo contrario: siendo Alcalde José Gámez –extraordinario alcalde al que la ciudad no le ha hecho justicia– y teniendo en 1979 el PSOE mayoría absoluta, concejales del PCE y de la UCD tuvieron responsabilidades de gobierno: la ilusión estaba entonces intacta... también el sentido de la generosidad. Esto mismo ocurrió en 1983 con Arsenio Moreno, cuando el PSOE tuvo una mayoría aplastante. ¿Tan difícil sería ahora tender la mano a personas realmente excepcionales como Ramón Martínez?

El pasado ofrece muchas veces lecciones ejemplares: ahí las tenemos, en la historia de nuestros primeros pasos democráticos, para con ellas aprendidas construir la hoja de ruta de los próximos años para nuestra ciudad. Generosidad, pues, para abrir las manos. Pero generosidad también –ojo– para no ofrecer puños y saber abrazar la mano que se tiende.

Por último, habría que tener la generosidad de reconocer todo aquello que el adversario ha hecho bien en este mandato que ahora acaba. Creo que Juan Pizarro ha sido un Alcalde notable al que otros le han perdido las elecciones. La derrota, que no puede obviar las cosas que ha hecho bien, tiene que servir para aprender de las que se han hecho mal.

Ha habido hombres extraordinarios en el Grupo Popular de Úbeda, hombres que dejan tras de sí un trabajo amplio, eficaz, ejemplar y por ejemplar digno de ser continuado. Por cercanía puedo hablar del trabajo realizado por Antonio Jimena en Cultura y Fiestas: no en vano ha sido el área más valorada en todas las encuestas hechas por todos los partidos. (Antonio ha hecho un buen trabajo y quienes impidieron que fuese en las listas electorales de su partido tendrán que responder de su torpeza.) Por lo tanto, que lo nuevos gobernantes sepan ser generosos en la conservación de lo construido hasta ahora: que escuchen el clamor de las cosas bien hechas y que las engrandezcan y que no duden en comenzar de nuevo en los déficit que deja siempre una acción de gobierno. Sobre todo que comiencen a escuchar, con el convencimiento de que escuchar es el primer requisito de la generosidad.

Ojalá podamos ganar el futuro. Desde la generosidad, que es desde donde se conquista un futuro de amplias alamedas.

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