viernes, 9 de enero de 2009

ZAPATOS PARA GAZA



El drama de Tierra Santa: los actores cumplen su papel obedientes al ritual periódico de la sangre y la inocencia machacada. Y todo ello me provoca una serie de paradojas y me invita a varias reflexiones.

Primera. No entiendo la simpatía sin más que levanta la causa palestina. Me estremece el sufrimiento de tanto inocente como está siendo triturado estos días por el ejército israelí, pero no olvido que Gaza es un nido de terroristas: Hamás no es una organización humanitaria sino un grupo de asesinos que lleva semanas provocando a Israel para desatar esta tormenta de plomo. Lo ha reconocido el propio Mahmud Abbas. Los criminales lo son por muchas elecciones que ganen y necesitan crímenes de la otra parte para justificar los propios. Hamás lo sabe, lo saben también los radicales judíos. Lo sabían los neocons de la administración Bush, que le regalaron a Ariel Sharón la dinamita necesaria para volar los puentes trabajosamente levantados en los años 90 –Arafat y la moderación e institucionalización de la autoridad palestina, Rabin y el posibilismo laico y pacifico de la izquierda judía: ¿recuerdan?–. Bush y los suyos y su amor por el sufrimiento y la guerra instigaron a los radicales de ambos bandos: la sombra de los Estados Unidos que ahora terminan planea sobre la espiral bélica que sacude Oriente Próximo. Esto era lo que quería Bush: el terrorismo instalado en Palestina, el extremismo instalado en Israel. Un choque entre fanáticos religiosos, una onda expansiva de rabia y de odio contra los judíos por el mundo, un argumentario de hambre y privaciones para que florezcan los suicidas en las escuelas palestinas. Los neocons –tan cristianos, tan formales– necesitan palestinos que asesinen, judíos que asesinen: no conocen otra razón para la historia que el tronar de los tanques y las leyendas de dioses vengativos.

Segunda. Me resulta incomprensible que de los hornos crematorios saliera una democracia –la judía– tan sin piedad, tan apegada a las políticas militaristas que destruyen por igual a los asesinos de Hamás y a los niños que juegan en la calle. Me parece que el ejército israelí, cuando despliega su potencial tremendo sobre los palestinos defendidos con piedras, se parece a aquellos panzers nazis que se enfrentaron a la caballería polaca en las estepas de Varsovia. Goliat contra la nada, sabiendo que siempre gana Goliat, aunque crezca el odio en la nada. Y a veces pienso si la historia de Israel no habrá sido la historia de un pueblo salido del sufrimiento para infringir sufrimiento: ¿destruyó el Holocausto los resortes de la misericordia hebrea? Releo a Primo Levi, siempre: las SS deshumanizan a los judíos en Auschwitz, para hacerles ver que son –como ellos– seres sin alma. ¿Le da el sufrimiento de Gaza la razón a Himmler?

Tercera. No tengo respuestas para este drama, sólo ofrezco preguntas y mis zapatos: para lanzarlos contra Bush y su pandilla de terroristas morales, contra los rabinos y los ultras israelíes y contra los asesinos de Hamás.

(Publicado en Diario IDEAL, ediciones de Jaén y Almería, el 8 de enero de 2009)

4 comentarios:

miguel sznajderman, jazzmen dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
miguel sznajderman, jazzmen dijo...

Manuel: coincido muchísimo con tus palabras. Tienen el equilibrio necesario para describir una tragedia infinita e irresuelta.
Siendo un argentino de origen judío, casado con mi mujer cristiana y apreciando la gran integración que en Argentina se da entre todos los credos (sin ser un paraíso por supuesto), con una hermana y tres sobrinos viviendo en Israel, no puedo sino indignarme con la férrea brutalidad militarista del gobierno israelí.
No es de ahora sino hace más de treinta años que apoyo la creación de un Estado Palestino independiente.
Lamento profundamente el drama palestino que se balancea entre la dirigencia corrupta pero moderada de la OLP y los lanzamisiles humanos de Hamas, más honestos desde el punto de vista dirigencial pero más brutales y militarizados.

Comprendo el repudio generalizado al militarismo, aunque lamento que algunos confundan las políticas de Israel con la condición judía en general.

Veo en ambos lados una justificación para ejercer su propia barbarie.

Unos dirán: nos vienen lanzando miles de misiles sobre nuestra población civil por eso se merecen este castigo.

Otros expresarán: nos tienen encerrados en estos miserables territorios, pues se merecen mis misiles y algún petardo humano en vuestros buses de pasajeros.

Y la dirigencias palestinas e israelíes extremistas que incapaces de ofrecer mejores salidas a ambos pueblos optan por la única solución a la mano: exterminar al otro.

Sé que hay palestinos e israelíes que ansían la paz. Es hora de que se animen a tomar el poder democrático en sus países y lo intenten de una vez por todas.
un abrazo
miguel sznajderman

Anónimo dijo...

Manolo,

Leí el artículo el otro día por casualidad en el Ideal (estaba en un bar esperando la salida del colegio de mis hijos) y el artículo me gustó por su fuerza, compromiso y claridad de ideas. Como toda crítica debe ser equilibrada te diré que en mi opinión el artículo se va un poco "por los cerros de Ubeda" con las menciones a Bush y los neocoms. No es que no sean verdad si no que son piezas secundarias de un decorado, que por trágico, merece que nos concentremos en lo esencial: la tragedia humana, el anacronismo de la guerra, la disparidad de fuerzas, etc.

Ayer comí con Miguel Pasquau en Granada y me habló de este blog. Entro hoy en él por primera vez para darte mi opinión.

Un abrazo y enhorabuena,

Nicolás Berlanga

Manuel Madrid Delgado dijo...

Estimado Nicolás.
Me gusta verte por aquí, de verdad. Con respecto a tu comentario del artículo te diré que no creo que las referencias a los neocons y al gobierno Bush sean una salida por los cerros de Úbeda. Antes al contrario me parece que la administración Bush ha sido la gran responsable del fracaso de cualquier atisbo de paz en Oriente Próximo. Todos sabemos los intensos avances que se hicieron durante los años 90, con la administración Clinton, para intentar acercar posturas y superar ese problema, pero ese clima no cuadraba con la concepción belicista de los republicanos. Por eso, la degradación del ambiente en Tierra Santa (ya sabemos, el auge de la derecha religiosa en Israel y la victoria de la ultraderecha política de Sharón, y el auge de los grupos terroristas palestinos) coincide casi paso por paso con el despliegue del gobierno Bush tras el "golpe de Estado" de la Florida en 2000.
A la visión que los neocons han vendido del mundo le conviene esa tensión en Oriente: un Israel desbocado que lo único que hace es alentar el terrorismo entre los palestinos (si yo fuera padre de una de esas criaturas asesinadas por el ejército judío no sé si no acabaría poniendo coches bomba en Tel Aviv) y unos palestinos desesperados que se entregan al islamismo radical, es perfecto para que la ultraderecha americana (y no solo americana) consolide su mensaje de que hay un gran enemigo que es islamismo y que contra él caben todo el plomo y toda la sangre que se pueden soportar. Por eso yo creo que no es gratuita la referencia a Bush. Estoy convencido de que la historia del mundo, también en Tierra Santa, habría sido otra de haberse respetado la victoria de Al Gore en las elecciones de noviembre de 2000, porque los EEUU habrían jugado un papel distinto, y no tendrían que haberse basado en una exarcebación de los odios.
Saludos y seguimos viéndonos por aquí.
Recuerdos para Miguel.